El Athletic Club encadenó ayer su tercera derrota consecutiva fuera de casa en La Liga (2-1) en el José Zorrilla. Dos errores defensivos condenaron el partido de los rojiblancos, que ven como están más cerca el descenso que los puestos europeos.

La fragilidad defensiva

El Athletic, pese a no hacer un mal partido, cometió dos errores graves que no le permitieron sacar puntos de Valladolid. En el primer gol, el control de Unai Simón fue defectuoso y acabó derribando a Marcos André, que provocó el penalti que transformaría Orellana justo después. Simón, que no suele arriesgar en ese tipo de acciones, demostró que necesita mucha más seguridad con el balón en los pies, porque la presión del Valladolid era buena, pero tenía suficiente espacio para poder sacar el balón.

Los pucelanos, pese a no dominar, consiguieron atacar con peligro cada vez que llegaban. La defensa del Athletic no estuvo muy acertada, y es que el segundo gol es producto de la falta de concentración y de comunicación entre sus defensores. Íñigo Martínez, el jefe de la zaga, se retrasó demasiado para marcar a su par, y ni Yeray ni Capa lo siguieron, por lo que Marcos André recogió completamente solo el rechace de Unai Simón.

Como viene pasando esta temporada, la inseguridad defensiva le perjudica demasiado, y es que el Athletic no sabe remar a contracorriente. Lo del Sevilla fue algo heroico, y probablemente anecdótico; fue la primera remontada desde la victoria ante el Levante (2-1) de la 2019/20. En muchos de los triunfos de la temporada pasada marcar el primer gol era clave para los de Garitano, pues no tener la presión de tener que anotar más goles beneficiaba al equipo. Aunque no sería del todo correcto decir que el Athletic era fiable en la conservación de ventajas (en muchos partidos también se cometieron penaltis o fallos evitables), los leones estuvieron más acertados de cara al gol.

Jugadores de ambos conjuntos presencian el lanzamiento de penalti de Fabián Orellana. Fuente: Athletic-El Correo

El abuso de los centros laterales hace al equipo bilbaíno demasiado previsible. No se saca jugo de las acciones a balón parado, no hay unos contra unos productivos ni tampoco disparos desde fuera que puedan aumentar la cuenta goleadora, y se está notando, además, la falta de goles de Raúl García, que no ha empezado la temporada de la mejor forma.

Los nombres destacados

Gaizka Garitano sacó un once muy reconocible, con Jon Morcillo en ataque en lugar de Álex Berenguer. El ‘2’ jugó se movió más por la banda derecha, dejando el espacio en la izquierda para Iñaki Williams, que estuvo bastante activo pero no obtuvo premio hasta el penalti. Le queda a deber otra vez la definición; falló un mano a mano clarísimo, igual que ante el Levante, pero esta vez por no decidir bien qué hacer. Ante la falta de referentes arriba, Asier Villalibre volvió a salir en la segunda parte, y fue suya la mejor ocasión del partido. Ya ha realizado buenas actuaciones saliendo como revulsivo, pero se espera que Garitano lo incluya en el once haciendo pareja con Williams.

Sin embargo, si algo no se le puede reprochar al técnico, es el hecho de dar minutos a los jóvenes. Quizás no siempre a gusto de todo el mundo, pero con Villalibre y Sancet en la dinámica desde el curso pasado, Morcillo y Zarraga se están asentando con titularidades incluidas. Falta por ver si Unai Vencedor e Íñigo Vicente van a salir perjudicados por la competencia en su puesto, pero el Athletic tiene aire fresco en el banquillo y la oleada de canteranos está creciendo y llamando a la puerta.

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