Inglaterra venció pero no convenció. Un solitario zarpazo de Bellingham dejó malheridos a unos serbios que se intentaron recomponer antes de desangrarse y que terminaron por morir en la orilla. Sabor de boca agridulce para los de Southgate, con un primer plato servido por Jude Bellingham que decidió ser el principal motor de inyección del equipo, donde aparecieron componentes secundarios como Bukayo Saka; y con un segundo donde los balcánicos apagaron a las estrellas de los Three Lions. 

Bellingham celebrando con Alexander-Arnold su gol ante Serbia en la Eurocopa. (Photo by OZAN KOSE/AFP via Getty Images)

Quizás una sensación propiciada directamente por el papel de favorita, a gusto del consumidor, que se le otorgó antes de la EURO. Los ingleses no son culpables de tener que ser intérpretes de dicho papel, de las expectativas que cargan a sus hombros, pero sí de un pobre juego que no es propio de una selección con figuras como Kane, Foden, Arnold o Palmer. Una constelación de estrellas que gira en torno a su entrenador Gareth Southgate, tachado en los últimos años de ‘amarrategui’ y que parece incapaz de sacar a relucir al máximo las cualidades de sus futbolistas pese a los buenos resultados en los últimos torneos.

En cualquier caso, ganar partidos es lo único que te lleva a levantar títulos, dejando de lado esa idea tan ambigua de «jugar bien al fútbol». Y ayer Inglaterra cumplió, dando el primer paso para alzar por primera vez desde 1966 un nuevo trofeo internacional. Un primer paso para volver a rugir con más fuerza que nunca.

Escrito por Daniel Sánchez Pérez

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Daniel Sánchez
18 años, estudiante de Periodismo y Comunicación audiovisual en Madrid y, por encima de todo, apasionado del fútbol.

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