Aristóteles decía que la felicidad es el fin último del ser humano. Un concepto al que toda persona aspira, pero que es a la vez tan ambiguo. Para algunos esta llegará compartiendo sus vivencias con sus seres más queridos. Para muchos otros, cuando se sientan realizados con ellos mismos. Encontrar aquello que te apasiona en la vida ha de ser una pista importante que te guíe hacia ese fin. Ayer, la pasión de Cristiano Ronaldo, el fútbol, fue también la culpable de derrumbarle. Ese fuego interno del portugués fue extinguido por un mar de lágrimas, infinito a la vista de los amantes de este deporte. Un llanto que caló gota por gota en el alma de los que le idolatran. Dejando unos labios con sabor amargo, de vinagre en las heridas.

Cristiano Ronakdo celebrando el pase a cuartos. (Photo by Justin Setterfield/Getty Images)

Portugal estuvo a un paso de ser eliminada. Literalmente. Un paso más a la izquierda o a la derecha de Diogo Costa podría haber supuesto el gol de los eslovenos. Una noche en la que el guardameta luso se vistió de superhéroe para salvar las carencias del equipo en otras zonas del campo. La delantera de Portugal se vio con la pólvora mojada y el centro del campo, con un control sin orden.

Los de Roberto Martínez consiguieron despertar de la pesadilla ante Eslovenia, pero Francia es el coco y les visita el viernes. En el camino a la victoria siempre hay trabas. Se necesita más que la calidad individual y el buen juego colectivo, también se necesita sufrir. Algo que requiere de sangre, sudor y lágrimas.

Escrito por Daniel Sánchez Pérez

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Daniel Sánchez
18 años, estudiante de Periodismo y Comunicación audiovisual en Madrid y, por encima de todo, apasionado del fútbol.

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